Piel.

tree

Hay distintas experiencias que tocan la piel. Por ejemplo…

Están aquellos trazos delicados con las yemas, que nos dibujan la ruta de cada vena y arteria, que en una lentitud minuciosa se unen a la carretera del cuerpo. Seductora invitación a perderse entre las suaves líneas y los rastros de cada pequeña huella, conectando la naturaleza del amor. En ese momento, la piel no tiene propietario, se une a otra, ambas se entregan al encuentro, se vuelven una misma.

Están los toques cálidos que se te infiltran en la sangre, que reconfortan los sentidos, que abrazan sutiles con su llama todos tus poros, la temperatura se rinde a ti y tú a ella, el fuego vive cubriéndote, como un recordatorio de esperanza y te consiente el corazón. Estos  deberían ser más valorados de lo que son.

Están también los apretones, toques que transmiten mensajes desde su lenguaje particular. Son la forma física de asegurar que lo que tenemos sujeto entre las manos no se ha ido, queremos refugiarlo para siempre. Se traducen a un “quédate”, “estoy contigo”, “te necesito”,  sin verbalizar.

Existen los toques minúsculos , protagonizados por dedos juguetones o gotas de lluvia, que danzan libres en ti como si fueras un lienzo en blanco, llevando una melodía inaudible para el oído, pero que mantiene la resonancia al tacto. Éstos activan las ganas que tiene la piel de dejar el estado de inercia y despiertan el movimiento.

Están luego los rasguños, que arden con determinación. Cuando hieren es porque vencieron nuestra templanza, cuarteando  nuestras emociones, pero hay quienes encuentran en ellos  un poco de pasión o coraje de supervivencia.

Como otra manera de contacto, están los moretones, a causa de que fuiste más lejos, porque cuando se pierde el control, hacen acto de presencia para recordarte un tropiezo, o bien, un riesgo que tomaste para avanzar. También hablan de persistencia. Estos se curan, pero durante cada paso de la vida humana son fieles a ti, regresan.

Y, están los besos, que reinan todo el Universo de la sensación, que, desde el origen, saben erizar cada punto, cada espacio, cada célula, llevándonos fuera del cuerpo, a desorbitar, a encender descontrolados latidos en el pecho, aunados al oleaje de desenfreno que sube, baja y vuela como mariposas.

Todas estas manifestaciones habitan la memoria, sin pedirnos permiso.

La piel sabe de climas, sabe de historias que no contará, sabe de encuentros amigables, sabe de sueños, sabe de locura, sabe de esencia, sabe de dolor, sabe de metas, sabe de caídas, sabe de vida.

Alejandra Cárcamo

imagen: Tumblr

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