Los veinticinco.

amor

Es 25 de mayo y sé que ella vendrá a verme.

Me emociona la fecha como a un niño, porque siempre, sin ningún contratiempo, escucho sus pasos aproximarse hacia mi, llega y se sienta a mi lado, al aire libre, protegida por su sombrilla ante los rayos del sol, la lluvia o cualquier otro clima poco favorecedor, además ésta le da la oportunidad a su rostro de mantenerse fresco, con toda la belleza que la caracteriza, la que nace desde la luz de sus ojos, y que se desborda por su sonrisa. Aunque, para ser honesto, no la he visto sonreír más, de aquello el recuerdo sólo queda.

Ah, me gustaría tener algo distinto que ponerme, algo que transforme mi apariencia, ya no gusto del mismo traje, mi indumentaria se vuelve vieja. Y, aunque sé que ella no lo notaría, me sentiría más confiado.

Yo no la conozco desde siempre, pero la conozco mejor que nadie. Cada punto y línea de su existencia, cada manía, defecto y virtud. Aún así, aunque en sus brazos estaba en casa, nunca dejé de sentir escalofríos cada vez que la miraba, no importa cuanto tiempo hubiera pasado desde la primera vez, mis frases se atropellaban aunadas a una risa nerviosa, así que para ella no era sorpresa ser testigo de alguna incoherencia, decía que era parte de mi y que le parecía adorable.

Ahora palabras no quedan, nada, ni letras revueltas. Me quedo mudo a su compañía. Quiero gritarle, quiero gritarle tanto, con el amor que habita en mis huesos, en mi alma.

Aquí viene, la puedo sentir, porque a su presencia, siempre hay menos frío.

Llega,  se detiene, sé que puede ver lo más profundo de mi, puede verme.

Yo le susurro que la amo y el viento la abraza con esa idea. Ella me ama también, no hay verdad más clara en el Universo.

La cita transcurre con normalidad, para mi siempre hay tiempo, podría pasar una eternidad escuchando sus palabras, o su silencio y ella, aunque quería quedarse, tenía un reloj muy distinto.

“Te amo.”, dijo con una lágrima en sus ojos. Suspiró y tomó su sombrilla, se levantó del jardín donde permanecía a mi lado y sus pies la llevaron lejos, así hasta que fue inaudible su camino.

Me quedé inmóvil una vez más, apenas se había ido y ya la necesitaba. La pensaba a diario, ella en casa y yo aquí, en el espacio que contiene mi cuerpo, envuelto en tierra, y, aunque parezca irónico, si alma es lo único que me queda, ella aún me impregna de vida.

El amor vive en la esencia, aunque la muerte ruede sobre la ilusión del mañana…

Alejandra Cárcamo.

Imagen: Tumblr.

Anuncios

2 comentarios

  1. EmocionesEncadenadas

    ¡Hola!

    Quería darte una noticia:
    ¡Te he nominado para el PREMIO DARDOS!
    Porque me encanta tu blog, por tu creatividad y originalidad expresada a través de las palabras, imágenes, etc…

    Puedes revisar mi entrada en:
    http://emocionesencadenadas.wordpress.com/2014/09/03/mil-gracias-zuri/
    ¡Nos leemos!
    Un saludo,
    Gema Albornoz

    Me gusta

    1. Gema, ¡qué honor!. Gracias por la consideración y sobre todo por vivir las emociones como las relatas. Un gusto conocer espacios como el tuyo. ¡Nos leemos!
      Ale.

      Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s