Me declaro un marinero sin remedio.

mares

Decidí ser marinero, porque las olas del mar son revoltosas como mi mente, enmarañada entre la luz y la oscuridad.

Se llevan a su ritmo los males y traen consigo a su regreso otra historia distinta.

Saborean a placer la finura de la arena y recogen las huellas que encuentran en ella, como un tesoro esporádico.

Decidí ser marinero, porque en mi rebeldía necesitaba navegar bajo mi propia vela y presenciar el movimiento de mi barco, que para bien o para mal, viaja entre tormentas y otras deliciosas catástrofes.

Habito siempre entre más de un mundo, entre la tierra firme que me recuerda dónde comencé, el mar que me empapa de una fresca mañana antes de las diez y un cielo que me pide que lo mire para guiar mi brújula, cuando no sé ni por dónde emprender mi vuelo.

 Decidí ser marinero, porque si he de perderme en el camino lo haré convencido de que será dentro del océano donde me desprenda de mi último aliento, para volverme espuma, no más que eso. Y danzar con el vaivén de cada gota de agua una noche veraniega.

 No me pidas que pare los motores, no voy a lanzar el ancla.

Déjame ser marinero, y, si te atreves, ven a vivir conmigo lo que no han presenciado otros tripulantes…

Quizá naufragaremos dentro de nuevos versos con sabor a sal.


Alejandra Cárcamo

Imagen: Rachel Sierra

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