Viaje a las entrañas de una escritora

 

Aprendí a escribir a los cinco años, me llené de mares de tinta de los que ya no pude salir nunca más…

Perdí la cuenta de los inciensos que quemé evocando a las musas. Las tazas de café están tan vacías que no sería fácil leer el futuro en los sedimentos. Me prometí no fumar cigarrillos, pero están llamando desde el cajón.

Un callo. Dos callos. Tres callos. Tan antigua, tan clásica, tan celosa romántica con las letras como para verlas nacer en la pantalla de una laptop. Necesitan trazarse, sentirse, vivir imperfectas en una caligrafía poco profesional, porque aún no decido si soy zurda o diestra.

Existimos el papel, la tinta, mis desordenes mentales y yo. La música nos mece para entrar en trance y encapsular las historias que no vas contando por ahí a las personas.

Sin quererlo, sin buscarlo, los versos me reflejan a mi, y juntos hacemos el amor.

Escribo en el instinto de matar lo efímero y volar por el tiempo. Escribo porque hay palabras que nunca te dije en una historia que nunca vivimos. Escribo para acordarme de lo intangible. Escribo para no adoptar frases de otros, sino vivir las mías. Escribo porque conozco la fuerza del abecedario y sus desfiles.

Es de madrugada, y las palabras no me sueltan. Me hacen cosquillas para ahuyentar el sueño. Tengo hambre, quiero devorar relatos que haya tocado con huesos y carne. Quiero ser una historia, de esas con las que te picas hasta que tus ojos no pueden más, con las que danzan tus pupilas ávidas de perseguir las líneas.

Un sorbo de whisky y la mente al recuerdo. Las luces tenues acariciando la espalda. Los cuadernos viejos, con la espiral a medias, son la casa de mis garabatos. Vivo en dimensiones donde dejo el cuerpo atrás.

Voy a escribir del Universo, de las perversiones, del encanto que tienen los gatos, de cómo la danza me atrapa los pies, de lo que desayuno cuando estoy sola, de mis desgracias por no saber jugar stop. Voy a escribir hasta de lo más insignificante hasta encontrarle lo extraordinario a lo cotidiano.

Escribo porque no me queda de otra, yo no elegí a las letras, ellas me eligieron a mí.

 

El ritmo de los dedos, como si bailaran rocanrol.


Alejandra Cárcamo   @ale_clz

Imagen: Pinterest

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2 comentarios

  1. Adriana J

    Me encanto este párrafo: “Escribo en el instinto de matar lo efímero y volar por el tiempo. Escribo porque hay palabras que nunca te dije en una historia que nunca vivimos. Escribo para acordarme de lo intangible. Escribo para no adoptar frases de otros, sino vivir las mías. Escribo porque conozco la fuerza del abecedario y sus desfiles.”

    Escribes hermoso ❤

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    1. Muchas gracias Adriana, me hace feliz saber que conectas con esas emociones.
      Seguimos en letras, saludos.

      Le gusta a 1 persona

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