Te esperé veintitrés canciones de jazz

Te esperé en ese café, veintitrés canciones de jazz para ser exactos.

Estaba tan nerviosa por lo que podría decirte o no. ¿De verdad quería continuar con esto? Nuestra relación sacó de la bancarrota a mi psicólogo.

Tú no aparecías, pero mi tic de frotarme las uñas, sí. Desesperada, abrí cada bolsita de azúcar que estaba sobre la mesa y arrojé los granos a un té que no los necesitaba. La ansiedad me recorría entera.

Nunca llegaste.

Tu ausencia marcó el calendario, pasé dos semanas preguntándome si me odiabas o ni siquiera era tan importante para que lo pensaras.

Tan desaparecido, tan astuto… tan cobarde.

Un día caminé regreso a casa. Tomé otra ruta para llegar.

Inesperadamente, al final de la calle estabas tú; adornado con tu sonrisa arrogante y ese peinado perfecto.

Junto a ti estaba ella, te tomaba de la mano y hacía de todo para llamar tu atención. La escuchaba reír de lo que posiblemente era uno de tus malos chistes y constantemente acomodaba su cabello detrás de la oreja.

Después de todo, no fue una gran sorpresa.

Yo conozco esa mujer, la he visto antes. Mis mismas viejas manías, mis ataques de pánico mal disimulados  y esa venda sobre los ojos. Ella se me salió de la carne, era un espíritu aferrado a tus defectos. 

Me dejaste aquí, y  llevaste contigo a la que siempre esperó despierta. Los vi alejarse, mientras yo suspiré aliviada. Al fin estaba completa.

Gracias por elegirla.

Tú eres como el azúcar de ese té.


Alejandra Cárcamo  @ale_clz

Imagen: Choi Mi Kyung.

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