Reciclaje emocional

Todo inicia con la pupila sumergida en una foto.

Algo nace. Se enciende. Te enciende. Invadirá el deseo de contagiarlo en esa otra mirada. Y en algún momento lo logras. Conectas. Te multiplicas. Son dos en movimiento habitándose cada músculo.

Vuelan, ruedan, danzan, caen y se levantan.

Tú sigues, desenfrenado, corres, ahora más rápido, más, más y más. Te alejas, pierdes el equilibrio y comienzas a tropezar.

Finalmente, te caes.

Haces una pausa tardía para darte cuenta que ese camino se consume. Ya no puede. Se desgasta. No hay opción ni otras manos.

Tardas, dueles. No sabes cómo pero por inercia, avanzas.

La mirada acaba en la misma foto sólo un instante. Una imagen borrosa permanecerá en el cajón que un día será abierto de nuevo, por nostalgia o descuido.

Todo termina sin previo aviso y luego, de la misma manera, volverá a comenzar.


Alejandra Cárcamo @ale_clz

Imagen: Henn Kim

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